NUESTRAS CREACIONES MUSICALES

el huaynoMuchísimas canciones nacidas de la inspiración  de nuestros artistas, aparecen como creaciones de compositores de otras latitudes, tal el caso de esta canción tan hermosa popularizada por la desaparecida estrella de nuestro folclore: “Pastorita Huaracina”. Ella recibió de su esposo A. Romero, goyllarino esta joya que pertenece a nuestro acervo, solo que siendo un triste muy popular en tiempos pasados, la artista ancashina la convirtió en huayno alternado algunos de sus cuartetos. El original de éstas como muchas otras canciones, están registradas en el repositorio nacional, por nuestro paisano don Silverio Urbina –padre de nuestro compositor Andrés Urbina- , director de LOS ANDES.

EL MATRIMONIO

                        Me han dicho que tú te casas                         Cuando te estén adornando

y así lo publica el tiempo,                              con tu vestido profano

dos funciones se han de hacer:                      a mí me estarán poniendo,

mi muerte y tu casamiento.                            el hábito franciscano.

 

Primera amonestación                                  Tu padrino y tu madrina,

que en la iglesia se leyere,                             te llevarán a casar

será el primer paroxismo                               y a mí me estarán llevando

que a mi corazón le diere.                             cuatro amigos a enterrar.

 

Segunda amonestación.                                 El día que tú te cases,

será para ti una gloria,                                  te acompañará tu gente,

a mí estarán buscando                                   y a mí me acompañarán

quien escriba mi memoria.                            cuatro ceras solamente.

 

Tercera amonestación                                   Cuando a ti te estén casando

será para ti una alegría,                                delante de tanta gente,

y a mí me estarán buscando                          a mí me estarán diciendo,

quien me toque la agonía.                             misa de cuerpo presente.

f u g a

Te escribo pero no firmo,

porque no corra mi fama,

el que te estima y te quiere,

ya sabes cómo se llama.

 

EL VELEIDOSO PÁJARO PITO (Leyenda)

pajaro pitoDesde tiempos inmemoriales, la lechuza vuela en la oscuridad tratando de encontrar al pito, pájaro traidor, responsable único de todos sus problemas. Éste está muy escondido y tiene miedo mostrarse entre los pájaros honrados y hermosos.

Bueno, pero… ¿Por qué ocurre esto?…. La historia completa es la siguiente.

En remotos tiempos, cuando los pájaros podían hablar por especial permiso  de Dios, el pito era un horrible pajarraco gris, sin gracia, lúgubre, de desmesurado y afilado pico. Y cada mes, cuando la luna llena brillaba y todos los alados se reunían en asamblea, el pito saturaba los aires con sus quejas interminables.

  • ¡Mírenme, mírenme, hermanos! –Gritaba quejumbroso- ¡mírenme cuan horrible soy!… Los pericos y las loras, con sus alas de esmeralda, brillan como el agua verde; la garza es blanca como la nube; el canario es amarillo como el oro y negro como el carbón; el tordo hermosamente moteado de blanco y negro; el cardenal, miren qué belleza, es como la rosa bañada en vino; sólo yo soy oscuro, feo y triste. buhhh… – y lloraba desconsolado. El águila que es el amo de todos los pájaros de la tierra, malhumorado tronó:
  • ¡Estoy harto de oír al pito!… ¡Siempre quejándose, siempre suspirando y llorando!… ¡Somos lo que somos! Nuestro creador ha tenido a bien dar belleza y majestad a alguno de nosotros; a unos velocidad, a otros, alas poderosas y garras fuertes; unos poseen una voz hermosa para cantar a la vida; a otros les ha dado una pronunciada sabiduría. Todos debemos aceptar lo que él nos ha dado. Debemos sobrellevar nuestra suerte cualquiera que ésta sea. El único impertinente y sinvergüenza que no quiere aceptar esto y se pasa la vida alegando es el pito…
  • ¡Así es águila!- gritaron todos los pájaros…
  • Pero para que no siga fastidiando, veamos si podemos ayudarle. Tú lechuza; tú eres muy sabia ¿Qué dices de todo esto?… ¿Hay alguna manera de ayudar al pito para que sea hermoso?

La lechuza que había ganado su reputación de sabia por sentarse en silencio con la cabeza apoyada sobre el pecho, abriendo y cerrando sus brillantes ojos de ámbar, aclaró la garganta y habló con gran parsimonia.

  • ¡Demos al feo pito la belleza que busca! ¡La belleza como la sabiduría, se puede adquirir!, –dijo sentenciosa- que cada uno de los pájaros de colores le dé una pluma al pito. Así nunca volverá quejarse de su falta de belleza y color, pues llevará en su cuerpo todos y cada uno de los tonos que se puedan envidiar…
  • ¿Y… nosotros? –Interrumpieron apremiantes los otros pájaros –nosotros también estamos orgullosos de nuestro plumaje. ¿Por qué entonces nos tenemos que desprender de alguno para satisfacer la vanidad de un pájaro tonto que nunca ha hecho nada para ganarse nuestra generosidad?
  • Bueno, todo lo que dicen es verdad. El pito nunca ha hecho nada por ganarse nuestro cariño y simpatía…
  • ¡Es verdad! –gritaron al unísono los pájaros.
  • ¡Calma, calma!- volvió a decir la lechuza. Esta vez el pito tendrá que ganarse nuestra deferencia desempeñando una misión especial.
  • ¿Qué hará? –Interrogó un pájaro.
  • ¡Será nuestro mensajero!
  • ¡Bravo! –Gritaron a voz en cuello los asambleístas.
  • ¡Cuándo nuestro hermano, el águila, desee reunirse con nosotros, sólo tendrá que enviar al pito para que nos convoque! Él se encargará de avisarnos a todos. ¿De acuerdo?
  • ¡¡¡De acuerdo!!! –Gritaron los pájaros unánimemente.
  • ¿De acuerdo, pito? –Preguntó el águila.
  • ¡Claro, hermano, claro! –Contestó entusiasmado el pájaro gris. ¡Con mucho gusto!

En ese momento cada uno de los pájaros de lindo plumaje, se arrancó su más brillante pluma y se la puso al pito. En un santiamén lo cubrieron del pico a la cola con las más atractivas y finas plumas escarlatas, amarillas, bermellones, lilas, celestes, verdes, doradas, blancas, azules, plateadas, negras, marrones… Cuando concluyeron, el pito estaba recubierto de mil colores como un mágico arco iris. En ese momento era el más bello de la tierra, de los aires y de las aguas relucientes… ¡Nunca se había visto un pájaro tan hermoso!

  • ¡Oh, qué bonito soy! ¡Qué bonito soy! –Gritaba el pito fuera de sí, contoneándose ostentoso.

Cuando el águila levantó la sesión, sin siquiera una palabra de agradecimiento, el pito se perdió por los aires, haciendo alarde del boato de su abigarrado plumaje de vivísimos colores.

No había pasado mucho tiempo. Horas solamente de aquel acontecimiento, cuando el pájaro pito, incapaz de cumplir su promesa, se desatendió de lo pactado. El único pensamiento que le dominaba, era su nueva apariencia. Todo el tiempo se pasaba mirándose al espejo de las tranquilas aguas de la laguna, murmurando petulante: ¡“Qué bello soy, qué bello soy!”.

Nunca el malagradecido, entregó un mensaje. Cuando algún pájaro lo necesitaba para pedirle un servicio, se escondía entre las paredes y roquedales negándose a contestar las llamadas.

Un día, deseoso de reunirse con todos los pájaros del mundo, el águila ordenó al pito para que convocara a toda la familia alada, pero el fatuo ni siquiera intentó obedecerle. En lugar de cumplir con el encargo, se entretuvo horas enteras mirando el brillo de su plumaje en el reflejo de las aguas, gritando: “Qué lindo soy, qué lindo”.

Así llegó el día de la convención. Cuando el águila llegó al lugar del concilio no encontró a ninguno de los pájaros del mundo. ¡A ninguno! Iracundo, salió como una flecha por los aires y pájaro que encontrara, pájaro que era castigado.

  • ¿Acaso no fueron convocados para la asamblea?
  • ¡No, hermano águila, no!… ¡No sabemos nada!… –respondieron en coro.

Rabiosos todos los pájaros del mundo se recriminaban mutuamente. Los gritos desaforados eran de condena para el réprobo pito que no había cumplido con citarlos. Igualmente, ciegos de ira, maldecían a la lechuza por haberlos involucrado con semejante pillo. Tantos y tan sonoros fueron los gritos que Dios los escuchó allá arriba. Frunciendo el ceño, como nunca, el Supremo dijo:

  • ¿Por qué el don de la palabra que os he concedido, lo usáis tan mal? –Y extendiendo sus manos santas hacia la tierra, colérico como nunca, sentenció:
  • ¡No hablaréis más!… ¡Indignos sois de este preciado don! Desde ese mismo instante, las voces furiosas de los pájaros se convirtieron en sonidos discordantes y varios; en agudos gritos, desagradables graznidos y una bulla que, desde entonces, no ha cesado. Sólo algunos pájaros que se ganaron el aprecio de Dios conservaron la dulzura de sus trinos.
  • ¡Vos, pito malhadado! Seréis mensajero de la muerte. Sólo cuando veáis a los hombres rodeados de la muerte, cantaréis!… ¡Vuestra vanidad será castigada severamente: volveréis a ser gris y feo como la muerte! Sólo vuestra sangre servirá para combatir la parca, por eso os perseguirán. ¡Y como siempre os habéis escondido en los tapiales de los muros y los cementerios, viviréis hasta que la oscuridad cubra la vida!… ¡En cuanto a vos lechuza, sólo de noche podréis salir de vuestro escondite… sólo de noche!

Dicen que desde entonces, el pito anda fugitivo, escondiéndose en los muros y en las rocas. No quiere encontrarse con la lechuza ni con el águila. En cuanto a la lechuza, su vigencia de vida se ha restringido a las horas nocturnas. Es verdad.

 

 

EL HUERFANO DE TAMBO COLORADO (Cuento)

el fuerfano de tambo coloradoTres jóvenes mineros que se habían unido para explotar una mina de plata a extramuros de la vieja ciudad cerreña vieron premiados sus esfuerzos y privaciones en muy corto tiempo. Habían descubierto un filón fabuloso que al explotarlo debidamente les dio ingentes cantidades que en las Cajas Reales las trocaron en monedas de oro reluciente.

Desconfiados uno del otro, decidieron encargar la custodia de sus riquezas a una cuarta persona, ajena a sus intereses. Después de tanto buscar le hicieron depositario al viejo dueño del tambo donde tomaban sus alimentos como pensionistas. Al entregar los caudales en un pequeño cofre de madera revestida en cuero repujado tuvieron mucho cuidado de encargarle autoritaria, pacienzuda y constantemente que, el cofre, solamente se lo daría a los tres juntos. Nunca a uno solo.

Debes recordarlo siempre que sólo a los tres juntos –nunca a uno solo- entregarás este valioso encargo fruto de nuestro trabajo – dijeron.

Lo tendré muy en cuenta – dijo el depositario y guardó el cofre en un buen escondite.

Así cuando los jóvenes querían aumentar sus depósitos en el arca, conjuntamente lo solicitaban y, cumpliendo su cometido, se lo devolvían. Así muchas veces. Fue transcurriendo el tiempo en el que los jóvenes alternaban las duras tareas de la mina con sus semanales y notables francachelas. Dos de ellos tocaban guitarras y cantaban, el otro tañía el violín. Este último cuidaba mucho de su instrumento extremando su celo en protegerlo; tanto es así, que para que esté seguro, se lo entregaba al viejo de la fonda para que se lo cuidara con mucho empeño.

Un día, alegres y acicalados para la juerga, salieron muy rumbosos y entusiastas; estando en la calle, repararon que el violinista no portaba su instrumento por lo que lo conminaron a que urgentemente se lo pidiera al posadero. El violinista les ordenó que lo esperaran y raudamente se presentó ante el viejo al que ordenó:

Entrégame el cofre con nuestros ahorros.

¡No… tú sabes que ante los tres juntos y cuando así me lo pidan lo entregaré! – Dijo indignado el posadero.

¡Claro que así ha de ser! – repuso el joven violinista tranquilizándolo – para que veas que es así, acércate a la ventana y delante de ti, ellos lo autorizarán – al oír esto el viejo le siguió y, desde la ventana dirigiéndose a sus amigos, dijo:

¡Amigos del alma!… ¿No es cierto que no tenemos tiempo que perder y debe entregármelo?……- como verán el astuto no mencionaba el instrumento. Los amigos sin pizca de sospecha y suponiendo que se refería al violín, desde abajo gritaron conjuntamente:

¡Claro que sí!… ¡dáselo inmediatamente!…

Muy bien – dijo el anciano – y se apartó a cumplir la orden, en tanto el violinista decía a sus amigos:

Enseguida lo llevo. Ustedes adelántense que pronto los alcanzaré.

Al ver que sus amigos se iban muy confiados, el joven violinista fue hasta el viejo que sin ningún reparo le hizo entrega del cofre.

Aquella noche después de pasar gratas horas de alegría, llegaron al amanecer haciendo un ruido infernal. Para acallarlos el viejo se levantó de su cama y fue al encuentro de los tunantes:

No hagan tanto ruido por favor que hay mucha gente durmiendo en el tambo.

Está bien – respondió uno de los jaranistas y muy enojado prosiguió – ¿dónde está nuestro compañero?

Al oír esto el anciano se quedó perplejo, pero reponiéndose de su sorpresa narró con lujo de detalles lo que había ocurrido con el cofre. Todo fue enterarse de la ocurrencia para emprenderla contra el viejo posadero a quien los perjudicados lo llevaron a empellones ante la presencia del juez que al escuchar la historia, determinó que el viejo debía pagar –en termino de 48 horas- los costos del perjuicio; caso contrario sería despojado de todos sus bienes y encarcelado por toda su vida después de ser flagelado públicamente en Chaupimarca.

Tan injusta y terminante sentencia del juez, sumió al pobre anciano en un mundo de profundas cavilaciones y copioso llanto. Al verle de esta suerte, un niño huérfano que le ayudaba en los quehaceres domésticos y a quien –dicho  sea de paso trataba muy mal-se atrevió a preguntarle:

–     ¿Qué es lo que ocurre mi amo que tan angustiado lo veo?

¡Calla infeliz!… ¡Nada podrás hacer tú por evitarlo!…

“Una pena compartida, siempre es menos sentida” dice el refrán, recuérdelo amo, insistió el huerfanito.

En un comienzo, el anciano se mostró tan remiso a compartir sus penas que lo sumió en un mutismo impenetrable; pero fue tanta la insistencia del rapaz, que terminó por contarle todo lo acontecido sin omitir detalle alguno. Al terminar el relato, escuchó al niño que con una mirada de inteligencia le decía:

¿Si soluciono su problema, me hará su socio menor?

¡Lo que sea!… –respondió el anciano- es tanto lo que debo que todas mis pertenencias, el tambo, la fonda y mis ahorros, no alcanzarían a cubrir mi deuda y terminaría siendo azotado en Chaupimarca y encerrado en la cárcel de por vida.

Muy bien, señor amo –concluyó diciendo el muchacho- retorne a la casa del juez y dígale: “Señor Juez: Tenga presente que cuando los tres mineros me confiaron su dinero, me lo dieron con la orden terminante de no entregarlo si no venían los tres juntos a pedírmelo. Le ruego, por tanto, que se sirva usted mandar que vayan los dos a buscar al compañero que falta y que se presenten aquí los tres juntos para que se cumpla la condición; sólo entonces, de acuerdo con lo convenido, yo les devolveré el dinero delante de usted”.

Admirado de la inteligencia del joven sirviente, el anciano puso en práctica la recomendación por lo que el juez, muy seriamente, preguntó a los reclamantes:

-¿Es verdad lo que dice el viejo, que los tres pusieron esa condición para devolverles el cofre con el dinero?

Sí, señor juez –contestaron los reclamantes.

Pues, bien. Vayan en busca del tercer socio y en mi presencia recibirán todo su dinero- terminó diciendo el juez.

Demás está decir que nunca dieron con el tercer hombre, un malandrín que cargado de riquezas desapareció como por encanto burlándose de sus socios.

El viejo posadero, agradecido por la valiosa ayuda del huérfano informó a todo el pueblo minero de las virtudes de éste y lo nombró su socio. A la muerte del anciano, el joven hizo crecer sus propiedades y se convirtió en un rico propietario sin dejar –por supuesto– la administración de la vieja posada de Tambo Colorado.

La plata y el cobre en el Cerro de Pasco (Año 1921)

En un muy interesante libro jubilar publicado en 1921 para festejar el centenario de la Independencia del Perú, se hace mención a la producción de plata y cobre en el país, haciendo hincapié en el Cerro de Pasco. Sólo refiriéndonos a estos dos renglones, citamos lo que dice el libro:

la plataLa plata.-“Entre los centros mineros que están en el radio de influencia del Ferrocarril Central, se tiene al más antiguo y conocido centro mineral de plata: el Cerro de Pasco, famoso en el mundo por su producción, pues de él exclusivamente, y según documentos auténticos, sólo de 1784 a 1878, trabajando con los medios rudimentarios de la minería antigua, se exportaron 4’780,000 kilos de plata en barras provenientes de esta minas.

En este centro la plata se ha encontrado en la  parte superficial del yacimiento, o sea  la zona de  oxidación de los depósitos cuproargentíferos en actual explotación. Dichos minerales superficiales fueron los cascajos   y los pacos  siendo los primeros rocas silíceas impregnadas de especies metalífe­ras, principalmente de plata, y los segundos óxidos de fierro argentíferos en enormes depósitos y bajo los cuales yace la zona de transición inferior, en la que se ha encontrado bolsonadas de plata nativa, argirosa, panabasa y otros sulfuros ricos de plata en estado de descomposición y que han constituido las llamadas boyas.  La zona inferior, o sea la zona sulfurada, está constituida por pirita, chalcopirita, cobre gris, bournomita y otras especies de cobre; y esta zona mineralizada está casi intacta, pues sólo desde 1905 se ha comenzado a explotarla en gran escala como mineral de cobre.

El cobreCobre.-El rápido desarrollo de la minería del cobre en el Perú es una muestra de los espléndidos resultados que puede dar la mineralización del país cuando un metal se pone en explotación. Así, antes el año 1897 no se explotó en el país ninguna mina de cobre sino por las insignificantes cantidades que demandaba el magistral usado como reactivo en la amalgamación; pero desde este año, el alza del precio del cobre y el predominio cada vez más acentuado de la ley de cobre contenido en los minerales argentíferos del Cerro de Pasco, permitió comenzar a utilizar minerales abundantes y a la mano, que antes eran despreciados. De 1897 a 1903 la producción de cobre fue sucesivamente aumentando, y en 1903 se llegó a producir 9,497 toneladas de cobre, con valor de  de 476,894 libras. Pero desde 1905 la minería de cobre tomó gran vuelo, entrando en actividad los intereses americanos de la  “Cerro de Pasco Mining Company” y se estableció en la metalurgia, por primera vez en el Perú, la bessemerización para llegar al cobre metálico.

La producción de cobre que en 1906 fue de 12,213 toneladas, en 1916 fue de 43,078 toneladas y en  1917 de 45, 176 toneladas con un valor de 5’059,000 libras alcanzándose el record de la producción por el alto precio a que llegó el metal en ese año. En 1918 bajó a 44,414 toneladas, por las restricciones impuestas a la importación en E.E. U.U y, en 1919 a 39,230 toneladas por la gran baja de cotización.  (…) existen riquísimos distritos mineros en trabajo, de los que proceden las tres cuartas partes de la actual producción de cobre del Perú. Entre tales distritos como uno de los más famosos es el del Cerro de Pasco, notable por su pasada enorme producción de plata y por la variada mineraliza­ción que contiene de cobre, oro, plata, plomo, zinc, vanadio y otros metales. Se encuentra en la conjunción de la gran cordillera occidental de los Andes con las cordilleras Central y Oriental, lo que se llama el “Nudo de Pasco”. En él y en el centro de la hoyada formada por una línea de cumbres, a los 4,327 metros sobre el nivel del mar está la ciudad del Cerro de Pasco en cuyo subsuelo se encuentran las riquísimas minas de cobre como un gran depósito metálico (…)

La producción en el país es la siguiente:

Pasco (Junín) 28,384 toneladas; Lima 9,835 toneladas y los otros departamentos, 1,010 toneladas. En la enorme producción del Departamento de Junín (Pasco), con respecto a los otros Departamentos, han influido grandemente no solo los poderosos elementos de trabajo puestos en juego, como son los grandes capitales con métodos intensivos de explotación de minas y beneficio de minerales, lo que indudablemente permite reducir el costo de producción, sino también  los transportes fáciles y económicos por los ferrocarriles existentes, lo que ha permitido utilizar grandes cantidades de minerales de baja ley, de combustibles  y fundentes, moviéndolos rápidamente sin dificultad. Así en el Cerro de Pasco se ha constituido una minería industrial altamente poderosa, de la de la que es exponente la “Cerro de Pasco Copper Corporation ” que hoy explota gran parte de las minas  del Cerro de Pasco, Morococha y Casapalca.

Dicha compañía fue iniciada -como hemos visto-por una compañía que compró en 1901 un grupo de pequeñas propiedades del Cerro, en la región antiguamente trabajada por plata y que constituyó la “Cerro de Pasco Mining Co”. La compañía comenzó a trabajar activamente las minas con un poderoso equipo de laboro, asociando después a ellas diversas entidades útiles, como la “Empresa Socavonera”, la que por medio de su socavón de Rumiallana de 3,228 mts. de largo desagua todo el yacimiento. Constituyó la “Cerro de Pasco Railway” como una subsidiaria de ella, la que construyó el ferrocarril de la Oroya – Cerro de Pasco de 133 Km. y los ramales a las minas de carbón de Goyallarisquizga y Quishuarcancha de 41.6 y 17.6 Kms. respectivamente, con las que  las minas, las carboneras y la fundición quedaron en comunicación por ferrocarril con el puerto del Callao. (VELASQUEZ JIMENEZ, J.-“Las industrias Nacionales” en el libro EL PERU EN EL PRIMER CENTENARIO DE SU INDEPENENCIA’-Berlín 1922-pág 278)

explotacion de minerales

PEDRO ÁNGEL CORDERO Y VELARDE (Segunda parte)

Pedro Angel Cordero y Velarde 2Nunca cesó de impugnar todas las elecciones que se vivieron en su tiempo porque, los otros  “en el imposible caso de ser elegidos en el cargo de Presidente, no podrán realizar ningún programa sin mi consentimiento, pues todos los proyectos habidos y por haber son míos, me los han robado”. A través de su periódico hizo público el contenido de su combativo epistolario.

En su edición correspondiente al 18 de febrero de 1960, por ejemplo,  el Conductor del Mundo le decía al Presidente Manuel Prado, “El año 1956 le dije en el LEON DEL PUEBLO, lo desdichado que iba a ser su gobierno, como así ha sucedido, porque mi palabra es autorizada cual de un profeta, porque tengo la huella divina”. Para el 8 de diciembre del año 1957, le pedí que me entregara el mando pero su feroz orgullo me lo negó. En 1958 mi partido, la Juventud Corderista, le pegó en el Campo de Marte una terrible pifiada que no olvidará por sécula seculorum, con palabras soeces que cualquier gobierno hubiera renunciado, pero usted, sordo como una tapia, se zurró en la noticia, lo que quiere decir que su dignidad fue verde y el burro se lo comió”.

En la edición del 15 de junio de 1956, alega en su editorial: “… y espero que esta vez, por dignidad se me haga justicia y se me entregue la Presidencia, porque es designio de Dios y de mi pueblo…yo propugné todas las grandezas que hoy posee el Perú mientras ustedes me plagian y no han hecho nada y nada harán”.

En 1958, indignado, decía: “El tiempo de la impostura y del engaño, de la opresión y de la fuerza, está ya lejos de nosotros y sólo existe en la historia de las calamidades pasadas. Por eso vengo a poner término a esta época de dominación…”.(…) “Me causa dolor ver desde mi Atalaya de Emperador, o Inca Wasi, cómo el cielo azul de la convivencia que no es cielo ni es azul, está adquiriendo un aspecto aborregado”.

El año siguiente, gritaba: “¿Hasta cuándo nos van a moler 800 millones de déficit del Erario Nacional…Déjenme la Presidencia que si ustedes no pueden, lo pago yo, porque soy el rey de las finanzas y mago del Estado”.

Pobre mi patria querida,

qué malos hijos te han dado,

mas ya sabré defenderte,

porque yo no estoy comprado.

 

En su gobierno pasado,

mil millones se llevó,

y a nadie cuenta le dio,

al manicomio lo envió,

y por las puras alverjas,

la Presidencia agarró.

 El notable músico, Alejandro Vivanco, en otro pasaje de sus memorias recuerda así a su maestro Cordero y Velarde. “El año en que el doctor Jorge Prado llegó de Brasil como candidato a la Presidencia, sus parciales organizaron un mitin en la Plaza Dos de Mayo para presentar su programa, pero ese mismo, día Cordero y Velarde improvisó otro mitin; enterado el pueblo llenó la Plaza San Martín y dejó desairado a Prado”.

“Cierta mañana llegó a la Librería “La Pluma” de la calle Trinitarias que yo regentaba y como de costumbre me contaba sobre su rutina diaria. En eso recibió un mensaje de larga distancia a través de una concha marina de caracol que llevaba en el bolsillo. (Se adelantaba en muchísimos años a la aparición de los modernos teléfonos celulares). Escuché el siguiente diálogo, “¡¡¡Aló, aló, querido Adolfo Hitler!!!. Hablas con el Emperador Cordero y Velarde, Conductor del Mundo. (pausa) ¡Gracias por interesarte por mi Imperio!. Estoy en vísperas de recuperar la silla presidencial. Caso contrario tendré que abandonar el país para ir a informarle al Santo Padre. ¡A propósito, Adolfo, hermano del alma mía, si hablas con el ingrato de Benito (Mussolini), dile que estoy pendiente de su llamada! ¡Ama sua, ama jella, ama llulla; ama jodemaicho!.

Estando en la Presidencia el arquitecto Fernando Belaunde Terry, le dirige una  misiva en la que le dice: “Usted como líder, YO como Emperador, somos dos potencias soberanas que debemos entendernos o destruirnos, pues no hay lugar para los dos en este cochino planeta de los simios”. Finaliza la carta con una explicación: “Por estos motivos le dirijo la presente carta abierta, vale decir sin sobre, para que me explique su extraña conducta y me diga con franqueza si mantiene su adhesión a mi persona, y si fuera lo contrario, sabré a qué atenerme y lo dejaré suelto en plaza. Los bueyes sueltos, bien se lamen”. “Mi plan de gobierno y alimentación contienen mi huella divina, revelado para el bienestar de The peruvian family”.

Nicolás Yerovi, otro de los que han escrito sobre nuestro Presidente y Monarca chiflado dice, “Más allá de los anecdótico, Cordero y Velarde simboliza en su grado más extravagante los extremos de la más conmovedora huachafería y del más patético delirio a que son capaces de llegar quienes en el Perú se ven asaltados por cierta locura de poder. Porque si el poder envilece, desearlo enloquece; de allí que en épocas electorales los más de nuestros políticos no dejan de pergeñar sus propios ditirambos, ofrecer sin empacho lo imposible y llegar a convencerse, aunque sea por un breve lapso, de la verdad que no encierra sus generosas promesas”.

En “Los apachurrantes años 50”, Guillermo Thorndike, rememora que en un cónclave organizado por los monjes dominicos para buscar un candidato que encarnara las necesidades del momento, se presentó sin ser invitado el chiflado Cordero y Velarde: “Entonces llegó, anciano de levita negra y pantalón listado, discretamente zurcido, con hongo, bastón y escarpines viejos que cubrían sus humildes zapatos acabados de lustrar. No viajaba en limusina con chofer, ni nunca había estado en París, ni parecía de este mundo. Pero toda la tragedia del Perú al que no habían invitado los dominicos se abrillantaban en la locura de sus ojos. Su sola aparición enmudeció el discurso. Avanzó con dignidad por el salón repleto de personajes hasta sentarse a un lado, más bien en el coro que entre los potentados, en primera fila y cerca de la presidencia. Wiese y Miró Quesada se miraron sin saber qué decir. Los fogonzazos de los fotógrafos se concentraron en el Apu Inca Verdadero. Hasta ese instante, los pretendientes habían discurseado de Dios, la Patria, el orden establecido, nuestras sagradas instituciones, la paz pública, el luminoso porvenir de nuestros hijos. ¿De qué podrían hablar ahora, frente a la faz demacrada de un Perú que rara vez había sido feliz?. Con respetuosa solemnidad, Cordero y Velarde escuchaba a los principales. Después intervino en su condición de Apu Inca Verdadero y del desorden de sus palabras se supo que otra era la paz solicitada por el pueblo y que no era justicia de todos aquella que preocupaba a los poderosos de la tierra. No su voz, sino el ridículo de aquellos príncipes forzados a escucharlo, convirtió el cónclave en el más grande fiasco de la derecha peruana. Al día siguiente, “La Prensa” destacó en primera plana a Cordero y Velarde junto a los organizadores de la transición presidencial. La gente carcajeó durante semanas, meses. Y casi nadie reparó que, por fin, el Apu Inca Verdadero había modificado una parte de la historia del Perú”.

Pedro Ángel Cordero y Velarde, el viejo músico de la “Cosmopolita” del Cerro de Pasco, el arrebatado candidato cerreño a la Presidencia del Perú, murió pobre y abandonado en un viejo callejón limeño, signado con el número 123 de Carmen Alto, en el Jirón Junín de Lima. Era el 18 de diciembre de 1961. Curiosamente, ese día la Compañía de Bomberos Salvadora Cosmopolita, celebraba su sexagésimo aniversario.

FIN…

 

PEDRO ÁNGEL CORDERO Y VELARDE (Primera parte)

Pedro Angel Cordero y VelardeDe todos los pintorescos personajes que recordaban nuestros viejos en sus amenas tertulias de club, resaltaba con luz propia el excéntrico chiflado, músico, poeta y loco: Pedro Ángel Cordero y Velarde. Cerreño, de padres ayacuchanos, había nacido en el barrio de Matadería, el mismo año en  que moría nuestro mártir Daniel A. Carrión, 1885.

Dotado de un excepcional “oído” para la música, precoz e infaltable en retretas y bullangueras celebraciones, se inició en el  redoblante para después –aplicado y emprendedor-, asimilar los secretos de gran cantidad de instrumentos en las magistrales enseñanzas de inolvidables maestros. El primero de ellos, el que modeló su carácter y lo puso en el camino del éxito con exigentes enseñanzas fue Markos Bache, notable maestro croata, nacido en Dubrovnik; traído por el consulado Austro – húngaro para dirigir su orquesta sinfónica y su banda de músicos del  “Centro Musical Slavo del Cerro de Pasco”, de notable éxito desde fines del siglo XIX. Llegó a dominar todos los instrumentos de cuerda, viento y percusión; mas fue con la trompeta con la que alcanzó maestría ejemplar. Estudioso como pocos, en la primera década de nuestro siglo, lo encontramos dirigiendo a “La Cosmopolita”, Banda de Música de la Benemérita Compañía de Bomberos Salvadora No 1.

Alegre y hablantín como pocos, de baja estatura y cetrino como todo mestizo de predominio andino, tenía unos ojos juguetones e inquietos que revelaban una inteligencia notable. A medida que transcurrían los años, sus iniciales y hasta inocentes palomilladas, fueron adquiriendo caracteres alarmantes. Ya no eran simples guasas, bufonadas o chistes, sino locuras que iban adquiriendo tonos que salían del carril de la normalidad. A estas actitudes fuera de tono, aunque risible para la mayoría, el pueblo las bautizó como “corderadas” en directa alusión a su apellido.

Al entrar en la segunda década del siglo siguiente, crítico mordaz e inoportuno, no perdía ocasión para zaherir y mortificar públicamente a las autoridades con sus comentarios fuera de tono y sus pullas comiquísimas que todos celebraban alegremente. Bueno, todos no; los damnificados, especialmente personas notables, no veían ninguna gracia en aquellas ocurrencias. Cansados de sus excentricidades y falta de seriedad en el cumplimiento de sus funciones, los amoscados “manda más” cancelaron sus servicios y lo pusieron de patitas en la calle. No aceptaron más sus “corderadas”.

El damnificado, por su parte, convencido de que su figura agigantada por obra y gracia de su alterado cacumen era de muy grandes dimensiones para un escenario estrechamente pequeño como el Cerro de Pasco, decidió marcharse. Un día, rodeado de gente que lo admiraba y gustaba de sus “corderadas”, largó su último maratónico discurso cargado de tristeza muy sincera en el que confesó que se iba a la capital a ocupar “el sitial al que  tenía derecho” y que si Rumimaqui –a quien tanto admiraba- no había podido restaurar el lugar de “Apu Inca” que tampoco lo había podido lograr su antepasado Juan Santos Atahualpa, él lo lograría con creces. ¡Lo juró solemnemente! Gruesos y sinceros lagrimones sellaron la despedida. Así, apesadumbrado pero decidido, partió con rumbo a Lima a ejercer el gobierno de su “ínsula baratería”.

Siempre dan pena los que se quedan,

siempre dan pena los que se van.

 

Los que se van, se van muy tristes,

los que se quedan, quedan llorando.

 

Siempre dan pena los que se quedan,

siempre dan pena los que se van.

Llegado a Lima se avecindó en un solar de la calle San Ildefonso en donde, deseoso de conquistarlo, conformó una orquesta sinfónica con jóvenes músicos peruanos. Diez años estuvo al frente de esta quijotesca agrupación  ofreciendo conciertos en barrios y pueblos cercanos a la capital. Se encontraba triunfante y pletórico en esta tarea cuando se produjo el terremoto del 40 que destruyó su vivienda, sus instrumentos, partituras y todo lo que poseía. Quedó en la calle. Esto agravó su chifladura. En 1942, en plena guerra mundial, afincado en una casa semidestruida de la calle Zavala, funda la “Academia de Música Cordero y Velarde”, donde impartía clases de teoría, solfeo y ejecución de instrumentos.  El éxito que obtuvo en esta institución elevó su entusiasmo y se dedicó en cuerpo y alma a brindar lo mejor que tenía a los jóvenes que estudiaban en su Academia. Una de sus más dinámicas alumnas fue la joven soprano Rosa Aguilar que, andando los días, transforma en profundo amor su loca admiración por el maduro maestro. Decidida a compartir los desmesurados sueños del artista se casa con él. Al lado de esta abnegada y ejemplar compañera funda el “Teatro Folklórico” con el que cumple notable actividad artística. La calidad de su elenco es notable. Con Rosita Aguilar están,  Julia Peralta, Inés Oropeza, Blanca Santiago y Julio Castillo, como figuras principales, con los que preparó el montaje de las Operas nacionales “Sumac – Ticka” e “Ima Sumacc” a llevarse a efecto en el Teatro “Conde de Lemos”. Fatalmente, por motivos económicos y de otra índole, jamás  llegaron a estrenar. Uno de sus más notables alumnos, el músico cuzqueño Alejandro Vivanco, conmovido, dice de él lo siguiente: “ Puedo dar testimonio de su calidad de músico, porque después de las lecciones de solfeo, al advertir mi curiosidad, me mostraba orquestaciones completas de música incaica de su creación para sus dramas; también rico vestuario y decorados. En cada ocasión se sentaba al piano de cola y me hacía oír las arias y pasajes que a su criterio eran los más interesantes. En esa ocasión me obsequió sus dos partituras editadas: “Himno a la Redención Peruana” y “Daniel Alcides Carrión”, poema musical dedicado a su paisano.”. Sin embargo, es necesario decirlo: con sus ambiciones crecía también su chifladura ya muy conocida en toda Lima.

Conocedores de sus sueños de grandeza y exorbitantes ambiciones, el periodista peruano Federico More y el músico ayacuchano Osmán del Barco –exitosos personajes aquellos días- deciden jugarle una broma y en el periódico EL HOMBRE DE LA CALLE que publicaban, le insinúan que se postule a la Presidencia de la República. Emocionado el hombre otorga poderes plenos a sus mentores para que lo inscriban. Informado posteriormente que había perdido los comicios nacionales, cae en una depresión profunda. Fue suficiente. Persiguiendo la inalcanzable quimera del poder, había despilfarrado todas sus propiedades. Cuando se dio cuenta del engaño, derrotado y empobrecido, más solo que nunca, en el clímax de su locura, le quedó la fantasía de que no sólo era Presidente del Perú sino también, “Apu Capac Inca, Emperador del Perú y Conductor del Mundo; Soldado de Tierra, Mar, Aire y Profundidad; Rey de Financistas y Mago del Estado por Voluntad Divina” y, claro, comenzó a ejercer su “mandato presidencial”.

En su desquiciada fantasía, había logrado asumir la Primera Magistratura de la Nación. A partir de entonces se le veía ataviado con una llamativa indumentaria.  En honor a su alta investidura lucía un chaquet negro de solapas grasientas tachonado de llamativas condecoraciones de hojalata y espejuelos cruzado por la “Banda Presidencial”. Su infaltable sombrero de tarro, desgastado y  fileteado de roturas y magulladuras, realzaba su serio continente. Su paso siempre raudo y parsimoniosamente serio, -camino de cualquier parte-, lo conducía arrebatado entre risas y comentarios de los viandantes del famoso jirón de la Unión. Cuando alguien, siguiéndole la corriente, le preguntaba adónde iba, invariablemente contestaba:

—!Estoy muy apurado, me necesitan en Palacio! Tengo una cita muy urgente- y continuaba siempre arrebatado a grandes trancos a cumplir con su imaginaria cita.

Era muy común verlo pronunciar extensos discursos cargados de entusiasmo como de risibles propuestas de Gobierno. Llevaba consigo –periodista combativo y vocinglero- ejemplares de su periódico EL LEÓN DEL PUEBLO, “Sale cuando puede y pega cuando quiere”, claro muestrario de su locura y enajenación inofensivas. En su primer número dice en unos versos

Qué eco más resonante,

es hoy el ,¡ Viva Cordero!;

será el Presidente primero,

que al Perú lo lleve avante.

 

Pobres y ricos serán,

lo que ellos debieron ser,

tenemos oro, plata y mujer,

que ustedes no negarán

Continúa…..

LA COMPAÑERA DE JUAN SANTOS ATAHUALPA (Fragmento de mi libro PUEBLO MARTIR)

Juan Santos AtahualpaLos nativos con su gran ejército arrasan con todo lo que encuentra a su paso. Bajo sus armas y empuje van cayendo: el Pueblo Crucificado del Cerro de la Sal, regentado por el padre Mateo Bravo; el Pueblo de la Purísima Concepción de Eneñas, regido por el padre Antonio de Oz y el lego Joaquín Dutari; luego San Francisco de Pichana, a 13 leguas de Eneñas, a cargo del padre Definidor Clemente de la Cruz, y dos donados; luego San Judas Tadeo, bajo el cuidado del padre Simón de la Cruz Cavisani; todos estos lugares que abarcan muchas leguas, recuperados por las fuerzas revolucionarias, quedan a cargo de las autoridades nativas. Tras difícil marcha hallan el río Tuetani y, bajando por la quebrada, llegan al Pozuzo, donde encuentran varias rancherías de amages, diseminadas por aquellos lugares: Piño, Cuchero, Panchis, Unuti y Tilingo; en el territorio de los amueshas continúan su marcha por Huancabamba, Sogormo, Entás, Palcazu, Eneñas y Quillazú. Recorriendo enormes distancias destruyen, una tras otra, veintisiete misiones franciscanas, numerosas haciendas y obrajes, apoderándose de las pertenencias de los españoles, apresando y castigando a los negros, llegando a matar a los más rebeldes y aquellos cuyos antecedentes los condenaban. La rebelión de Juan Santos era esencialmente indígena en sus comienzos, los negros quedaban excluidos de ella. Esta animadversión por los negros le viene de los informes recibidos de sus víctimas. Sabía que eran muy crueles; los únicos que poseían armas de fuego a parte de los españoles, instalados en los centros de cierta importancia como ayudantes y “Guardaespaldas” de los blancos. Pero si bien Juan Santos se limita en un primer momento a amenazarlos y obligarlos a abandonar la selva, los indios sublevados de sus huestes quieren acabar con ellos. El jefe rebelde no les tiene odio. Tan así es que, cuando se entera que los indios han atado a varios de ellos y los quieren matar, abandona apresuradamente su cuartel general y acude en su defensa; los libera y luego reprende a sus hombres. Cuando en el Gran Pajonal apresan a varios, él los deja marchar después de quitarles las armas de fuego, cuchillos y otras armas. El recuerdo de su estadía en el Congo, lo tenía presente.

Andando el tiempo, va a utilizar a algunos como  auxiliares mercenarios. Uno de los más eficaces es, Antonio Gatica, antiguo esclavo de la misión de San Tadeo de los Antis, conjuntamente con su hijo, su hermana, y siete negros más. El jefe rebelde mismo lo afirma: “el movimiento puede contar con el apoyo de algunos negros comprados con dinero. Pueden ser fieles y esforzados. Los conocí en el África donde estuve con ellos”. El acercamiento y condescendencia a los negros se acentúa cuando conoce a una hermosa morena joven, hermana del cruel Gatica, a la que convierte en su compañera. No era para menos. La tradición asegura que era una mujer bella e imponente que a su vez, había quedado prendada del Gran Rebelde.

Cuenta la tradición que cuando la vio quedó mudo de asombro. A pesar de encontrarseJuan Santos Atahualpa 2 maniatada en un rincón, aprisionada por fuertes lianas, la majestad de su cuerpo, impresionante y armónico no obstante la chusma raída, lo dejó sin resuello. Al entrar en el umbral de la choza donde estaba cautiva, ella alzó la cara morena deliciosamente delineada, ojos profundamente negros, pelo ensortijado y abiertos labios carnosos en una sonrisa dulce. Ambos se quedaron  mudos por un momento. !Desátenla!, ordenó Juan Santos. Obedecieron. Aquella noche, cuando terminadas sus oraciones, el inca se aprestaba a dormir, ella entró en la habitación, sin decir una palabra. ¿Para qué? La bella morena –maravillosa intuición de mujer que sabe lo que no se dice- sabía que el rebelde  había estado pensando en ella. Nada más que en ella. Se sentó sobre su lecho, cogió suavemente la mano poderosa, la besó tiernamente y con mucho comedimiento la colocó sobre sus senos; él sintió erguirse su poderosa abstinencia de guerrero y, esa noche la pasó fogosamente enamorado, amándola, una y otra vez. Con los primeros rayos del alba, ella se retiró en silencio, como había llegado. A partir de entonces, guardando un perfil bajo se convirtió en silenciosa amante compañera del inca.

Respecto de la anexión de negros en el ejército del caudillo inca, el Virrey Marqués de Villagarcía, en sus Memorias, lo explica así: “…levantaron (los indios) la obediencia con ocasión del castigo que hizo el doctrinero, con indiscreta inmoderación, en uno de los caciques principales, quien lo sintió con notable injuria y unido con un negro, nombrado Antonio Gatica, que antes había servido para la reducción de los infieles y adquirido entre ellos grande autoridad, y los hijos de éste pusieron aquellos ánimos en disposición de que admitiesen las impostura con las que el rebelde les había atraído su devoción. Siete negros devinieron en rebeldes e hicieron a los cristianos bastante daño en estas turbulencias”.

Otro numeroso grupo que se anexó a las fuerzas revolucionarias de Juan Santos, fue el de los serranos. Los primeros en unírsele son los de Chanchamayo y, después, una respetable cantidad de hombres escapados de las galerías mineras del Cerro de Pasco.

( … )

La muerte del adalid de la selva no les importa gran cosa a los indios. Saben que todos tenemos que morir. Aseguran que, en aprobación de este  gesto cristiano de luchar por los, Juan Santos Atahualpa fue ungido con una especial bendición de Dios, ya que al morir –cumplida su valiente misión en la selva- entre nubes y vapores brillantes, se elevó hacia los cielos en medio de cánticos hermosos y extraños, con la promesa de que volvería. Los frailes franciscanos, enemigos naturales del adalid –tal vez con el fin de deshacer la mitología- afirman que, retirado a la profundidad de la selva, muchos años después, lo vieron ya anciano, acompañado de su compañera negra, llevando una vida de placidez y tranquilidad, feliz porque la lucha que había iniciado se propagaba por todo el Perú.

Juan Santos Atahualpa 3En todo caso, los nativos no han olvidado la gesta del valiente inca; por esta razón, reverentes, en Metraro le han erigido una capilla de 18 metros de largo por ocho de ancho, sostenido por ocho columnas de madera en esqueleto; cubierta con  techo de  humiro, en forma cruzada; en medio de la capilla, el túmulo donde descansó su cuerpo a poco de morir, hecho de cinco tablas labradas de  jaracandá,  de 8 a 10 centímetros de espesor y a una altura de un metro veinte centímetros, situado en medio del templo, mirando hacia Oriente.

Desde entonces, sobre la  cúspide del impotente nevado del Huaguruncho, apareció una colosal cruz de oro macizo cuyos destellos se veían nítidamente en todos los confines de Pasco. Una cara de la cruz recibía el saludo del sol naciente de las mañanas; la otra, los postreros destellos de los atardeceres. Al hacerse realidad la añorada recuperación de sus tierras, en reconocimiento de la bendición recibida del cielo para el triunfo final, el imbatible caudillo guerrero, utilizando todo el oro recogido de ríos y minas de la selva, hizo fundir una sólida cruz bruñida de oro macizo de enormes proporciones, que mediante un magistral y agotador trabajo de ingeniería rudimentaria la fijaron en la cúspide del Huaguruncho con un túnel vertical que comunicaba perpendicularmente la base, con la cima del monte. Este trabajo realizado en tres largos años venía a significar la confirmación de la fe en Cristo del caudillo Juan Santos Atahualpa.

Mucho más tarde, cuando mediante la invasión sangrienta y cruel, españoles y negros volvieron a recuperar las posiciones de la selva, la cruz de Haguruncho desapareció tragada por las nieves eternas en medio de lluvias torrenciales, truenos y relámpagos. Los campas aseguran que el símbolo volverá a refulgir cuando retorne Juan Santos Atahualpa y esta vez sí serán dueños definitivos de sus tierras selváticas.

En todo caso, éste, es el primer paso que dimos en la lucha por la libertad de la patria y la dignidad de la persona humana. Vendrán, como veremos, otras epopeyas igualmente impresionantes que tiñeron de sangre nuestra tierra.